miércoles, 16 de abril de 2008

El comienzo a.k.a. “La paradoja Cero” o “La paradoja Begins”


Cuando por fin parecía que la calma había llegado me di cuenta que tan sólo me encontraba en el ojo del huracán y aún quedaba por venir, en el mejor de los casos, la mitad restante de la tempestad.


Todo empezó años atrás como el juego de un niño rebelde, un niño bastante grande, un niño de veinte años. Dejando de lado cuestiones físicas, hormonales, legales y así sucesivamente hasta reducir la descripción de una persona a la de su capacidad de soñar e ilusionarse, podríamos decir que era un niño de seis años hecho y derecho.
Es aproximadamente a los diecisiete o dieciocho años cuando las personas eligen, algunas veces con más presión que otras, la portada de su libro de vida, su son, su futuro, su etiqueta, eligen aquella palabrita que antepondrán a su nombre por el resto de sus días; Doctor Sanchez, Capitán Rosales, Ingeniero Villarán, Licenciado Alvarez, Agente Smith (lo siento, tenía que decirlo), Arquitecto Diaz, etc; pequeñas palabras que los harán pavonearse en las reuniones sociales, elevarse por sobre sus compañeros de colegio en las reuniones de exalumnos y en algunos muchos casos aburrirse durante todo el año acumulando estrés hasta las santas vacaciones.

Estas calificaciones, como todo en la vida, suelen cambiarse a mitad de su construcción convirtiendo al Ingeniero Villarán en Arquitecto, y al Arquitecto Diaz en Ingeniero, pudiendo incluso, en el caso de los más avezados personajes, convertir al Doctor Sanchez en el flamante Licenciado Alvarez, presto a dirigir una gran firma que años más tarde se convertirá en una gran transnacional. Claro que siempre queda el caso del Capitán Rosales que seguirá disparando balas al aire al ritmo que su corazón desea disparar grandes frases dirigidas a conmover al jurado en un juzgado regional.
Pero por suerte y a su vez lamentablemente existen otros casos. Individuos que mientras sus amigos se apelotonan frente a las más prestigiosas facultades universitarias de su ciudad se sientan pensativos en alguna plaza, en algún parque o en algún oscuro rincón de un bar de poca monta mientras mentalmente diseñan lo que es para ellos una especie de “Plan maestro de vida” o una milimétricamente calculada “Guía para ser un trabajador feliz” y precisamente es en estos momentos cuando sin duda alguna se puede apreciar al niño de seis años que lucha por mantener el control mientras todos a su alrededor suplican cordura. Algunas veces se impone la cordura y aún se puede regresar a los salones de inscripción de una bonita y prometedora universidad. Otras veces, y con esto me presento, el niño interior gana por K.O. y convierten al potencial Ingeniero Pinamonti en una especie de híbrido entre un ingeniero técnico no reconocido y un artista underground. Con ustedes el gran, inigualable, formidable, casi genio y por supuesto mitómano: Técnico en ingeniería de sonido Pinamonti.

Las cosas son muy fáciles al principio, quizá lo más complicado es convencer a tus padres de que no estás loco sino que eres una persona con una gran visión y que te adentras en un campo con infinitas posibilidades, miles de puertas esperando ser abiertas por ti y claro que las encontrarás, las abrirás con una sonrisa de oreja a oreja, entrarás corriendo por ellas y gritarás de excitación justo antes de partirte los dientes contra un bonito y bien adornado muro de piedra, pero como esto aún no lo sabes sacas de tu mochila un fajo enorme de papeles, sueldos astronómicos, muchísimos puestos de trabajo, un bello ambiente laboral y claro, lo mejor de todo, la posibilidad de hacer con el resto de tu vida lo que te hace feliz. Conclusión, en este punto todo es perfecto, has engañado a tus padres de una manera magistral, ha sido una mentira casi tan buena como la que tú mismo te has tragado así que feliz e ilusionado dejas la universidad pensando que la Ingeniería de Sistemas no es lo tuyo y te diriges a un pequeño instituto ubicado frente a un tranquilo parque, te adentras en un mundo de ilusión, un mundo de música, estudios de grabación, sonido para publicidad, sonido para cine, conciertos, acústica arquitectónica, electrónica, composición musical, que bello es todo, cuan hermoso futuro que me espera, piensas. Dos días después has llegado al punto sin retorno. Te has enamorado completamente de tu elección. Te preparas a devorar el mundo del sonido. Lástima que preparar un pez globo con un cortauñas y una caja de fósforos sea más seguro y más sencillo que lidiar con lo que está por venir.